EL DIA QUE DIOS NOS ABANDONO
- Agosto 23, 2010
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Pensábamos que sería un día como otros, uno de esos días en que te preparas desde muy temprano, en medio de ese aire que envuelve toda tu mañana y lo hace especial.
La ropa la escojes especialmente para ese día y con alegría de corazón te dirijes al santuario.
Ya cerca del edificio, logras reconocer a los que como tú van también al mismo lugar.
Los acordes de la guitarra dan la bienvenida al grupo de personas que poco a poco toman sus asientos.
La cadencia de la música y sus letras llenas de un aura santo llaman a la adoración.
Luego un desfile de personas tomando su lugar. Todo está bien calculado.
La lectura correcta, una cálida bienvenida, avisos de actividades relevantes, mientras van llegando los últimos rezagados y toman su lugar.
En este santuario no hay espacio para los fracasados ni los perdedores, no hay espacio para los mediocres ni los pecadores. Todos le hemos sacado una sonrisa a la vida y nos adorna la cordialidad y la frescura que engalana nuestras familias felices.
En medio de la ceremonia se acerca el mensajero, levanta su libro sagrado y comienza a articular palabras que exhortan, motivan, reprenden, atemorizan y amenazan. Pero no tengan cuidado, ya estamos acostumbrados. Acostumbrados a pensar que todas esas amenazas no son para nosotros.
No son para nosotros, porque nosotros somos especiales, escogidos, llamados y limpiados.
Toda la ira del Creador vendrá con violencia para esos… no para nosotros, por eso sea la gloria a nuestro amado Dios.
Pero, esperen… algo sucede, algo sorprendente ha sucedido.
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